¿Por qué existen tantas artes marciales?

Las artes marciales nacieron para defenderse, esto es un hecho irrefutable. Pero no es menos cierto que en la actualidad su función se ha extrapolado y multiplicado hacia una gran variedad de elementos de la vida cotidiana.

Si la función única del entrenamiento en artes marciales fuera la autodefensa, todas las técnicas, desplazamientos y ejercicios menos eficientes habrían desaparecido. Y lo mismo podríamos decir de los propios estilos o escuelas, pues muchas habrían sucumbido ante innovaciones o formas más eficaces.

Asimismo, podemos concluir que el interés por la práctica puede venir desde diferentes fuentes: el autoconocimiento, la competición, el acondicionamiento físico, la inculcación de unos valores éticos…, y así hasta un sinfín de motivos por los cuales comenzamos en este mundo.

world martial arts.jpg

Sin embargo, si nos acogemos a la misma lógica empleada un par de párrafos más arriba, seguirían existiendo pocos estilos de artes marciales, pues nuevamente iríamos escogiendo aquellas más eficientes en su campo (por ejemplo, si mi motivación principal es el acondicionamiento físico, acudiría a aquella que más rápidamente me pusiera en forma).

Entonces, ¿por qué existen tantas artes marciales? Es más, ¿por qué coexisten artes marciales que pueden parecer tan similares? Si hablamos de golpear, el taekwondo, el karate o el muay thai cumplen la misma función. Lo mismo podríamos decir con el judo, la lucha canaria o el sumo, si nos referimos a la realización de proyecciones.

Mi opinión personal es que cada arte marcial está imbuida de personalidad propia, como si de un ser humano se tratara. Al volcar en un recipiente las ideas del fundador, la cultura del país de origen, las circunstancias sociopolíticas de la época en que fue creada, etc., no obtenemos simplemente un sistema de autodefensa, obtenemos mucho más. La mera decisión de si golpeamos o derribamos al adversario, la contundencia de los golpes o la intensidad del entrenamiento ya están marcando la trayectoria futura de dicho sistema.

Esta personalidad incipiente generada al nacer un arte marcial va atrayendo a potenciales practicantes, que tienen una filosofía de vida adecuada para esa disciplina. Aquellos que decidan continuar su aprendizaje se verán influenciados por la ideología de aquello que están aprendiendo, al igual que ellos mismos también dejarán su sello.

Por ello podemos observar similitudes entre las artes marciales de una determinada región, así como un karateka y un taekwondista pueden esgrimir razones similares para practicar su estilo.

Según esta teoría que propongo, al final las personas se decantarían por un arte marcial u otro de una manera similar a la que se forman los grupos de amigos: por afinidades políticas, gustos culturales, aficiones…

¿Y esto para qué sirve en la práctica? Para dos motivos principalmente:

El primero, para no menospreciar un estilo por ser distinto al tuyo. Puede que las personas que lo practican busquen cosas distintas a las que buscas tú.

El segundo, para tener claro que existen tantas artes marciales que, por mera estadística, alguna encajará con tu forma de ser. Por eso, no dudes en practicar otros estilos, conocer a otros maestros o ampliar tu visión de las artes marciales, al igual que debes conocer a personas diferentes a ti, con otra personalidad o filosofía de vida.

 

Anuncios

Guía para convertirte en un súper sensei

Cuando comienzas a practicar artes marciales, una de las primeras cosas que oyes decir a tu maestro es que has elegido un camino difícil y largo, pero eso es sólo para los pringaos. Hay una forma más sencilla de llegar a ser un gran maestro sin esforzarse tanto. Aquí te dejo el decálogo del buen Súper Sensei:

  • Ponte a dar clases lo antes posible:

Para ser profesor, basta con llevarle una clase de ventaja al alumno, esto es así y no hay más que hablar. Para qué esperar a que te llamen sensei diez años si hay montones de jovencitos confusos deseando un guía espiritual. Eso sí, procura que no sean demasiado espabilados, no vaya a ser que aprendan más rápido que tú.

  • Busca una asociación lejos de federaciones y de gente seria:

Las federaciones sólo se ocupan de la parte deportiva, y tú eres un ser de luz que huye del ego de la competición. Necesitas una asociación de gente que siga tu filosofía, que no tema otorgar grados como caramelos en un cumpleaños y que valore la lealtad por encima de todo. Eso sí, que tesorería no esté demasiado al tanto, así podrás “gestionar” por ti mismo las licencias y los seguros, que luego hay que irse de vacaciones y el Caribe está cada vez más caro.

  • Crea un campeonato o compite en alguno poco conocido:

Ahora que ya tienes tu asociación de coleguillas iluminados, montad una competi entre todos. Pero ojo, que hayan medallas para todos. Aquí el truco es el siguiente: montar las categorías a medida: por ejemplo, puedes apuntarte en la categoría de profesores mayores de cincuenta y cinco años zurdos que se aten el cinturón mirándose al espejo mientras cuentan hasta diez (sección A). Que no se te olvide tampoco apuntarte a los campeonatos por equipos, así podrás decir que has ganado tres medallas de golpe. Aunque la máxima en temas de campeonato es el siguiente: si tienes que participar en más de dos rondas, no merece la pena.

  • No viajes demasiado:

¿Para qué quieres acudir a cursos de quintos danes si en tu asociación ya te han otorgado el séptimo? Y aún menos a esos cursos de profesores japoneses que cuestan un ojo de la cara (con lo caros que están los cinturones bordados y las hakamas blancas). Además, tus conocimientos vienen directamente de los samuráis, los cuales comparten su sabiduría contigo cada vez que meditas. Si alguna vez te insisten en que acudas al seminario de un reconocido maestro, puedes usar las siguientes frases para escaquearte: “Es bueno técnicamente, pero le falta marcialidad”, “está donde está porque es alumno de Fulanito” o, mi favorita, “no está en el Camino”.

  • No permitas a tus alumnos que acudan a cursos:

Ningún maestro está más capacitado para conocer el nivel de tus alumnos que tú mismo. Es más, si van a algún curso su técnica se verá embrutecida por los fallos del resto de profesores. Además, igual encuentran a alguien que sepa dar clases de verdad y te abandonan. Si alguna vez deciden ir a algún curso, acude con ellos, y cuando estéis de vuelta suéltale alguna de las frases del punto anterior.

  • Hazte fotos con todo aquel que parezca japonés:

Aunque no viajes demasiado, lleva siempre una cámara a mano. Una foto con un maestro al que ni conoces te convierte en su alumno para toda la vida. Y si no conoces a ningún gran maestro japonés, hazte una foto con ese primo tuyo que cierra los ojos al sonreír y vístelo de karateka. ¡Ya verás lo bien que salís los dos!

  • Cobra por cualquier cosa:

El conocimiento no es barato, y menos la iluminación que entregas a tus pupilos. Las clases deben ser caras, aunque las des en un cuchitril sin vestuarios y con cucarachas, que lo que se llevan a casa es el conocimiento (y hongos en los pies por la insalubridad del local). Realiza seminarios constantemente; eso sí, a los primeros deben acudir sólo tus alumnos “aventajados”, para que todos sepan cómo deben comportarse si quieren ser los perrillos falderos de su maestro (¿he dicho perrillos falderos?, quería decir sempais). Por supuesto, cobra también por los exámenes, aunque no sean oficiales, ya que lo importante no es un papelito, sino el reconocimiento de su shihan (a estas alturas lo de sensei ya se te queda corto). Y por último, bajo ningún concepto te olvides de cobrar las licencias y los seguros; eso sí, tramitarlos ya es otra historia.

  • Que uno de tus pupilos te haga de secretario:

Redes sociales, internet, blogs, cobro de mensualidades… Todo eso son temas irrelevantes para alguien que ha alcanzado la iluminación como tú; por eso debes tener a tu cargo un gentil jovenzuelo que te lleve todo el papeleo. Basta con que lo saques de uke a hacer las técnicas y la criatura ya estará contenta. Así ya tendrás a alguien para que te haga de perro de presa en temas de pagos, cobros y malas noticias.

  • Consigue muchos títulos:

Habiendo un montón de cursillos que te otorgan el cinturón negro en un fin de semana, ¿quién quiere tirarse años y examinarse? Admítelo, el gotelé ya no está de moda, así que llena tu pared con títulos de maestro, grados especiales y menciones especiales, que pintar sale caro. Procura que los títulos sean de artes marciales poco conocidos, que el karate o el judo están muy vistos (y es fácil localizar su página web oficial y comprobar el nombre de sus profesores asociados). Una vez que hayas acumulado un buen puñado de diplomas (lo cual no debería llevarte más de tres meses), ya estarás listo para acudir a la radio de tu pueblo a que te entrevisten y poder presumir de tu curriculum.

  • Crea tu propio arte marcial:

Funakoshi, Jigoro Kano, Ueshiba…. ¡Y ahora tú! Después de obtener incontables danes de tu asociación, campeonatos donde compites contra ti mismo y títulos de fin de semana, estarás preparado para crear tu propio arte marcial. ¿Quién quiere ser un vulgar shihan pudiendo ser el puto O’Sensei? Así ya ni tendrás que examinarte para alcanzar el máximo grado, pues te lo podrás dar a ti mismo. Llegó el momento de que puedas realizar los pasos anteriores: campeonatos, asociaciones, grados, exámenes… Pero ahora lo podrás hacer desde tu pedestal, sentado en tu trono de marfil y disfrutando del lavado de pies que te realizan tus seguidores con sus agradecidas lenguas.

gallery_hero_5309b1f6-d7d2-4e82-a58a-c4d122c8d617

Con estos diez pasos, podrás convertirte en un súper sensei antes de cumplir los treinta años, y con siete de práctica, a lo sumo. Pero no quiero despedirme de ti sin darte unos últimos consejos:

  • No permitas que te lleven la contraria. Recuerda que tú eres un ser de luz y ellos unos sucios alejados del camino.
  • No pares de hablar de combatir el ego, eso recordará continuamente lo humilde que eres.
  • Crea una página web dedicada a ti mismo que avale tu trayectoria. Recuerda que lo que se sube a internet se convierte en verdad irrebatible.
  • Organiza eventos especiales en la naturaleza para demostrar lo místico que eres (pero eso sí, no te olvides de cobrarlos, aunque sea hacer senderismo por la ruta que pasa por casa de tus padres).
  • Frena siempre la progresión de tus alumnos, no vaya a ser que te alcancen. Para ello, lo mejor es: criticarles cada vez que lo hacen bien, repetir siempre lo mismo en clase con la excusa de aprender la base, machacarlos físicamente antes de entrenar con ellos y alternar de favorito para que compitan entre ellos por tu afecto en vez de intentar superarse ellos mismos.

 

Tras esto solo me queda decirte: ¡¡¡GAMBATE!!! (pero no mucho que cansa)

 

“En Aikido se tiran”

Esta es una de las frases que más veces escucha un aikidoka a lo largo de su vida. Podría decir que las técnicas de Aikido son demasiado peligrosas como para realizarlas sin control (aunque no lo haré porque eso ocurre con cualquier arte marcial) o que sin el debido cuidado, el número de lesiones se dispararía (no lo haré por el mismo motivo).

Más allá de las respuestas infundadas que puede dar cualquier practicante de Aikido que no haya trabajado otras artes marciales (con lo cual no tiene base con la que comparar su estilo), me voy a basar en la propia física.

en cualquier proyección de Aikido en la que tengamos que tomar ukemi, realizada a una velocidad adecuada, el cuerpo de uke se acelera muchísimo en un breve período de tiempo. Para una persona que mida aproximadamente 1’80m que cae por la mera fuerza de gravedad, independientemente de su peso, podemos asegurar que su cabeza tocará el suelo a una velocidad de unos 22km/h. ¿Exagerado? Vamos a ver qué dice la física:

mhg=1/2mv^2

Por tanto:

2hg=v^2–> (2hg)^2=v

h es la altura (1’80m) y g es la gravedad (unos 10m/s^2), por lo que:

v=21,6km/h.

Si a eso le sumamos que la técnica puede aumentar la velocidad de uke en dos o tres veces, podemos concluir que la velocidad con la que la cabeza toca el suelo puede superar los 60km/h, similar al impacto que recibe contra el suelo un ciclista que es atropellado en la ciudad (sin casco).

Si aún quedan dudas, se despejarán rápidamente este vídeo

Esta situación se puede aplicar al Judo, Brazilian o cualquier arte marcial con proyecciones. Por eso, lo primero que hacemos en estas disciplinas es aprender a caer, para adaptar nuestro cuerpo a cada situación y poder salir airosos de cualquier peligro.

 

580451_399147263534008_536885862_n

¿Por qué practicar Aikido?

La rutina diaria puede convertirse en una voraz devoradora de tiempo. Cuando queremos darnos cuenta, las obligaciones nos impiden tener tiempo libre, y el poco del que disponemos lo invertimos en descanso. Entonces, ¿Por qué iba a utilizar el poco tiempo que tengo en practicar Aikido?

Como actividad física, el Aikido es altamente recomendable, pues moviliza y tonifica la práctica totalidad de nuestros músculos, manteniéndonos en forma y disminuyendo la sensación de fatiga. Además, es una actividad con un índice de lesiones muy bajo. A todo esto se suma que mejora nuestra coordinación, agilidad, elasticidad, resistencia aeróbica y anaeróbica, capacidad pulmonar y cardiovascular.

También ayuda a nuestro equilibrio emocional, pues a través de la práctica del Aikido, como con cualquier ejercicio físico, segregamos dopamina, serotonina y endorfinas, hormonas que nos hacen sentir mejor, más calmados y felices. A esto le añadimos que entrenar en grupo mejora nuestras relaciones sociales y nos ayuda a crear vínculos con nuestros compañeros.

.DSC00303

Otro beneficio que podemos añadir a nuestra lista es el fomento de nuestra capacidad artística. El Aikido no es simplemente un compendio de técnicas para neutralizar a un oponente, ya que la práctica avanzada nos lleva a estudiar los movimientos del compañero, unirnos a ellos y orientarlos hacia donde nos interese, añadiendo un aspecto creativo a nuestro entrenamiento. Además, el Aikido es un arte marcial abierto, donde las técnicas no están prestablecidas y se pueden moldear a nuestro estilo, físico y capacidades.

Por último, el Aikido nos aporta también unas herramientas técnicas que nos pueden servir como sistema de autoayuda. Aunque no soy un defensor del Aikido como defensa personal, sí es cierto que, entrenado hacia ese fin, puede convertirse en un sistema eficaz, ya que sus luxaciones e inmovilizaciones son muy potentes.

Así que, aunque estemos cansados del día a día, seguro que podemos sacar tres horitas a la semana para acercarnos a un dojo, aún más sabiendo todo lo  que nos aporta el Aikido.

Lo particular del Aikido

En su concepto técnico más básico, el Aikido es un sistema que aprovecha los desequilibrios e inercias del otro para realizar proyecciones o inmovilizaciones. Esta misma definición podría aplicarse al Judo, Brazilian, Hapkido… Entonces, ¿qué diferencia al Aikido del resto de artes marciales?

Por un lado, el uso del Aiki. La unión con la energía del compañero es vital en la práctica del Aikido. Con ella recibimos la información necesaria para realizar la técnica: desplazamientos del otro, dirección de su ataque o intenciones inmediatas. Así, adaptamos nuestras decisiones y movimientos para reconducir al compañero, sin que se dé cuenta, a un desequilibrio que suponga su caída y pérdida de control.

ueshiba5

Por otro lado, la propia filosofía del Aikido, imbuida por los principios morales de su fundador, que veía su sistema como el nacimiento de un nuevo Budo, cuya razón de ser sería la eliminación de los conflictos. El Aikido es un arte conciliador, no pretende derrotar a un agresor, sino desviar sus intenciones para mostrarle que la violencia no es el camino.

De este modo, principios técnicos y filosóficos confluyen gracias al concepto de Aiki, que te une al otro, convirtiéndolo en un compañero y no en un enemigo.

¿Cómo es nuestro Aikido?

Con el paso de los años me resulta cada vez más difícil definir qué es el Aikido. De hecho, la propia definición del Aikido se ha convertido en un feroz debate entre sus practicantes.

Por ello, simplemente voy a explicar cómo es nuestro Aikido. No voy a aburrirte con precisiones técnicas sobre dónde ponemos una mano o cuándo movemos un pie, sino que voy a intentar ir un poco más allá.

Para empezar, diré que nuestro estilo es Aikikai Hombu Dojo, de la línea de Yamaguchi sensei, y seguimos especialmente la línea de Endo sensei. Esto quiere decir que, a nivel técnico, profundizamos en los desequilibrios de compañero, en desviar su energía y reconducirla, manteniendo siempre una postura suave y relajada.

CIMG6644

Sin embargo, donde hacemos más hincapié no es en el cómo, sino en el por qué. Procuramos que cada movimiento, cada técnica, tenga coherencia con nuestra visión del Aikido, por lo que no realizamos nunca ningún movimiento que vaya en contra de la filosofía de Paz que promulgaba O’Sensei.

También intentamos trabajar el Aikido como una expresión artística. Cuando el budo se convierte en un estudio de lo que ocurre dentro de ti, comienza a surgir la necesidad de expresar ese mundo interior y comunicarlo con aquello que nos rodea, surgiendo así un lenguaje artístico. El Aikido se convierte en el idioma necesario para expresar al mundo tu luz interior. A partir de ahí, la práctica diaria en el tatami se convierte en la búsqueda de nuevas fuentes de comunicación, haciendo cada vez más rico y complejo ese idioma con el que te expresas.

Por tanto, podríamos decir que nuestro Aikido se convierte en un método para conocernos a nosotros mismos y profundizar en nuestro ser. De esta manera, comprendemos las complejidades humanas, acercándonos a los demás y empatizando con ellos, llevando así el mensaje de Paz que transmitía O’Sensei. Todo ello, a través de un lenguaje artístico que nos permite mover nuestro cuerpo libremente y expresar todo aquello que queremos transmitir.

El Aikido que perseguimos

Como todas las artes existentes en este mundo, el Aikido es un camino abierto a interpretaciones y evoluciones. Y como todas las artes, la parte técnica y estética es solamente el principio del camino.

Una vez que los movimientos básicos están asimilados, el Aikido puede despertar en tu interior una curiosidad artística y filosófica, que va más allá de un simple sistema de defensa personal. Porque O’Sensei, tras una vida dedicada a las artes marciales, y tras experimentar las desgarradoras consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, decidió que el futuro de su Aikido debía ser el de la Paz, creando un Budo moderno que se alejara de la violencia y promulgara la unión entre todos los seres humanos.

Por ello, mi camino a seguir, en el Aikido y en la vida, debe ser el de la Paz y el respeto hacia todo aquello que me rodea.

Ése es el Aikido que deseo hacer, ése es el Aikido que persigo.

 

 

“Promueve la Paz en tu propia vida, y entonces aplica el Arte a todo lo que surja en tu Camino”Morihei Ueshiba

KONICA MINOLTA DIGITAL CAMERA